sábado, 6 de diciembre de 2025

Sistema-mundo y acumulación por desposesión.

 

La democracia disciplinaria

El proyecto posneoliberal para América Latina

2010

Economía política del Ajuste macrofiscal, la reforma estructural y la privatización territorial.

Sistema-mundo y acumulación por desposesión.

Las políticas de ajuste macrofiscal, la reforma estructural y la desterritorialización del Estado y su correlato de criminalización social, forman parte de las dinámicas inherentes al capitalismo de financiarización en su dialéctica centro-periferia. En estas formas se inscriben nuevos discursos, nuevas propuestas institucionales, nuevas prácticas del poder que se confunden, por su ambigüedad, como si fuesen propuestas críticas y que cuestionan al capitalismo pero que, en realidad, forman parte del mismo sistema.”

 – Pablo Dávalos

El agotamiento de una modalidad del neoliberalismo no significa en modo alguno el agotamiento del capitalismo como sistema. La crisis de legitimidad del FMI y del Banco Mundial, no implican que los procesos que ellos representan se hayan terminado. El ajuste macrofiscal y la reforma estructural fueron momentos de ese sistema en su relación con la periferia, que están dando paso a nuevas formas de acumulación. De hecho, algunos de los nuevos gobiernos de América Latina, buscan legitimarse a través de discursos antisistema, pero construyen su política más inmediata desde una percepción de real politik que restringe el marco de sus intenciones hacia la realidad más prosaica de administrar la lucha de clases en beneficio de la acumulación del capital. Para entender esas lógicas que rebasa la buena voluntad de los gobiernos y que otorgan validez a los criterios sobre los que sustentan sus decisiones políticas, es fundamental hacer referencia al capitalismo como sistema y como principio de realidad de la política.

Dávalos refiere que, como sistema, el capitalismo no es homogéneo, ni horizontal. Tampoco se reduce a una dimensión puramente económica que determine otras dimensiones sociales. Afirma que es un sistema que implica determinadas relaciones de poder en las que tanto la nación de Estado, sociedad, individuos, política, economía y derecho, entre otras, son fundamentales y deben ser comprendidas al interior de esa voluntad de poder del capitalismo y de sus pretensiones civilizatorias.

Sistema-mundo y centro-periferia

Este sistema-mundo, en la perspectiva de Wallerstein:

“es un sistema social, un sistema que posee límites, estructuras, grupos, miembros, reglas de legitimación y coherencia. Su vida resulta de las fuerzas conflictivas que lo mantienen unido por tensión y lo desgarran en la medida en que cada uno de los grupos busca eternamente remodelarlo para su beneficio… lo que caracteriza al sistema social, …es el hecho de que la vida en su seno está en gran medida autoincluida, y que la dinámica de su desarrollo es en gran medida interna.” 

Imagen tomada de: http://economiasur.com/2016/09/ante-una-crisis-estructural-del-sistema-mundo/

Al interior de ese sistema-mundo, existen relaciones desiguales caracterizadas por la dialéctica entre un centro y una periferia. La generación de la dinámica centro-periferia es inherente al capitalismo, a su conformación, a su lógica. La relación centro-periferia nace de las mismas necesidades de la acumulación. La relación centro-periferia se convierte en una dialéctica inherente al mercado mundial y al capitalismo. La noción-centro-periferia nos permite estar en guardia con respecto al discurso de la globalización, y toda la parafernalia conceptual que implica y nos permite ubicar a la globalización al interior de las dinámicas de la acumulación del capital y de la lucha de clases, como discurso legitimante más que discurso analítico. Mientras que la ideología oficial del capitalismo, sobre todo el discurso de la globalización, considera que los mercados son espacios eficientes y que permiten la autorregulación social gracias a que los precios admiten el uso eficaz de recursos escasos, y por tanto son espacios de ganancia mutua, el concepto de centro-periferia nos dice que el mercado es inequitativo, desigual, y concentrador, que los procesos económicos siempre determinan situaciones de intercambio desigual, que existiría siempre aquello que Prebisch denominaba el “deterioro de los términos de intercambio.”

Dávalos continúa: “…En una visión global, la relación para fortalecer la subordinación de las áreas de la periferia, en un proceso que Samir Amin llama “ley del valor mundializada”, y que desarma las posibilidades que tendrían los Estado-nación de la periferia para oponerse y confrontar a los Estados-nación del centro; en las ciudades existen también un sector con mayor desarrollo capitalista y una periferia empobrecida y subordinada que trabaja en función de los requerimientos de esos centros de poder local; también en casi todos los Estados-nación del sistema-mundo, hay ciudades que concentran la riqueza y que se convierten en centros de gravedad hacia los cuales se dirige toda la riqueza social y que determinan el sentido de la política, la ideología, de esas sociedades. En el mercado mundial se generan también relaciones asimétricas, desiguales e inequitativas entre regiones del mundo con altísimos niveles de renta, consumo y gasto, y otras regiones condenadas al hambre y a la explotación. Todas estas dinámicas hacen referencia a un solo proceso y una sola realidad definida desde el capitalismo como sistema mundial excluyente y polarizador. La dinámica centro-periferia atraviesa todo el plexo del sistema-mundo capitalista.

La acumulación del capital se trata de un concepto creado en el siglo XIX para comprender las dinámicas del capitalismo como sistema de expansión, auto reproducción y crecimiento sostenido en un tiempo lineal y en un espacio domesticado. Fue propuesto y analizado al interior de la matriz de los mercados en el siglo XVIII por Adam Smith; después recuperado por David Ricardo en el siglo XIX, y también por Marx. Para estos últimos, la reproducción del capitalismo era la condición de supervivencia del sistema. Para ambos se trataba de un proceso histórico, social y objetivo. La diferencia con Marx, entre otras, radicaba en el hecho de que éste consideraba al capitalismo más como una relación social de explotación mediatizada por las cosas, que por un conjunto de decisiones que afecten al ahorro y a capital físico. En el siglo XX, la acumulación del capital por parte de los economistas clásicos se redujo a una comprensión de la oferta productiva, hasta Keynes que a mediados del siglo XX la comprende como un proceso establecido desde una compleja relación entre la inversión, la tasa de interés y aquello que Keynes denominó “la demanda efectiva”. 

En esa línea, la acumulación del capital como categoría ha tenido un desarrollo analítico como proceso histórico que involucra varias dimensiones sociales, incluidas las políticas e institucionales, y que no pretende legitimar al sistema sino comprenderlo para criticarlo, y criticarlo para transformarlo. Conjuntamente con la noción de “Sistema-mundo” y su correlato de “entro-periferia”, y con la “acumulación de capital”.

Esta categoría ha sido desarrollada por David Harvey quien hace referencia a los procesos de “acumulación originaria” sustentados en la violencia sistémica, como elementos permanentes y persistentes de la acumulación a escala mundial. La acumulación por desposesión define una ruta específica para la periferia en la que los mecanismos de colonización, subordinación, colonialidad, y la violencia política, jurídica, epistémica son imprescindibles y permanentes.

Pero la acumulación por desposesión genera resistencias, conflictos, y una densa confrontación social que atraviesa por todo el tejido social, esa confrontación social se procesa desde la política y desde las instituciones políticas que codifican y sostienen los entramados de poder. Estas resistencias sociales se convierten en disputas alrededor de este sentido de acumulación del capital y se definen como la lucha de clases.

Hegemonía y discursos de poder

Al interior de esa lógica de lucha de clases existe una dimensión de violencia inherente al sistema ya la acumulación de capital, que se procesa y sedimenta a nivel ideológico, semiótico e incluso simbólico, y desde donde se definen los discursos que sostienen y legitiman tanto al poder cuanto las resistencias al poder. La condición de posibilidad de ejercer el poder a través de la violencia de los discursos y de la imposición que permite que la dominación se realice por consenso, ha sido denominada como “hegemonía” y se la debe, originalmente, a la reflexión del filósofo italiano Antonio Gramsci. Uno de los conceptos más importantes comprender el rol de la ideología en el capitalismo, y la necesidad de fundamentar epistemológica y semiológicamente los discursos de poder.

La noción de hegemonía hace referencia a la forma por la cual se articulan, difunden y cobran preeminencia los discursos que legitiman al poder.

Biopolítica/Tanatopolítica y geopolítica.

Dávalos menciona que la red analítica de acumulación, la lucha de clases y la hegemonía nos permiten comprender la dinámica histórica del capitalismo. Esta relación centro-periferia se inscriben y contextualizan en una trama de disputas sobre los territorios (geopoder) y sobre los individuos (biopoder). Generan discursos, prácticas, retóricas, símbolos, instituciones, que atraviesan a los individuos y los territorios y los inscriben en una trama de relaciones de poder signadas por la disciplina, el control, la sumisión y la administración de la violencia.

Fue el Fondo Monetario Internacional quien comparó a la sociedad y los desequilibrios causados por la intervención del Estado, como un cuerpo social enfermo y fueron ellos quienes concibieron a la terapia de shock como “cura”, y se vieron a sí mismos como “médicos sociales” (los “money doctors”): la medicina dolorosa pero necesaria.

Los Objetivos del Desarrollo del Milenio, ODM’s, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000, son un discurso explícito de metas biológicas para los seres humanos, que hacen referencia a la mantención de la vida como políticas de Estado e inscriben, de esta manera, la mantención de la vida en un régimen de derechos a la vida. Estos ODM’s forman parte de un régimen político que autoriza intervenir sobre la vida al tiempo que la privatiza.

La criminalización social, en última instancia, acude al expediente de la biopolítica como recurso de legitimación. La Tanatopolítica crea su figura en el “terrorista” y su praxis en la “lucha contra el terrorismo”. Muchos dirigentes sociales del continente que han resistido los proyectos de minería a cielo abierto, de transgénicos, de servicios ambientales, entre otros, han sido acusados y perseguidos como “terroristas”.

La biopolítica le permite un régimen político de intervención por encima de la soberanía de los Estados-nación sobre poblaciones enteras, mientras que la Tanatopolítica permite administrar el uso de la violencia para las disidencias y las resistencias.

Los territorios son construcciones sociales y políticas. La geopolítica del capital permite que éste pueda, por vez primera desde la revolución industrial, crear marcos teóricos y procedimentales para la privatización de la naturaleza.

Con el concepto de servicios ambientales, el capitalismo puede privatizar algo tan ético e inasible como la “belleza escénica”, y algo tan concreto y fundamental como el agua. Los servicios ambientales son la condición de posibilidad para las industrias de la biotecnología y su propósito de privatizar la vida y el clima.

Biopolítica/Tanatopolítica y geopolítica en el capitalismo

La abolición de la Ley de pobres, a inicios del siglo XIX, es afín con la conformación de la economía política clásica como corpus teórico que estudia la escasez de recursos y las lógicas de eficiencia de los individuos aislados de su sociedad.

Las leyes de Cercados determinaron el saqueo, el despojo, la expulsión de millones de seres humanos.

Biopolítica/Tanatopolítica, geopolítica y las lógicas inmunitarias del poder.

Una consecuencia de la biopolítica/Tanatopolítica y de la geopolítica, es que nos permite comprender la dialéctica de los discursos de poder al interior de las lógicas inmunitarias de poder. Los discursos que fueron creados en la matriz de la intervención al desarrollo por el Banco Mundial y las agencias de cooperación generaron un proceso de inmunización al proyecto neoliberal del Estado mínimo y de la gobernanza mundial. En la medida en la que se trataron de discursos que adoptaban la retórica, los símbolos, los imaginarios e incluso los marcos epistemológicos que habían fundamentado y sostenido las críticas, los cuestionamientos y las resistencias, sobre todo de los movimientos sociales y las organizaciones populares, permitieron que el proyecto neoliberal pueda ser aceptado, asumido e incorporado a las lógicas de la resistencia social al neoliberalismo.

De esta manera, la deriva biopolítica/Tanatopolítica del neoliberalismo, pudo generar una especie de “anticuerpos” por utilizar una metáfora médica, con respecto a los discursos críticos, e incorporarlos a su matriz de denominación y violencia. La lógica inmunitaria del poder es parte de las formas biopolíticas/Tanatopolíticas y geopolíticas de la acumulación del capital.

“El recurso a la noción de lucha de clases implica una toma de posición en la que la política está desgarrada por el encuentro y el conflicto antagónico en un campo de relaciones simultáneas de poder y contrapoder, en donde la imposición depende de la axiomática de los discursos, de la fuerza de los universos simbólicos, de la fortaleza ideológica de los marcos normativos, de la capacidad de desarmar ideológicamente al adversario. La lucha de clases sale de sus contenidos exclusivamente economicistas y se convierte en una categoría que da cuenta de la complejidad de las confrontaciones que genera la imposición neoliberal. La lucha de clases, en esta formulación analítica, permite comprender la utilización del miedo como heurística y del terror como casuística, en un marco de procedimientos de poder y contrapoder. El neoliberalismo se impuso por la violencia, se sostuvo por el consenso.” Dávalos, (2010), p. 19

La economía como discurso de poder.

El pensamiento económico como legitimador de las relaciones de poder del sistema, no se quedó en los productos de la academia, sino que se convirtió en la ideología dominante del sistema: no sólo que disfrazó la realidad, sino que hizo todo lo posible para que la máscara ideológica se mimetice con la realidad. La ideología de los mercados y el correlato de los discursos de la eficiencia, la competitividad, el éxito, han cumplido un rol de colonización ideológica, ratificando desde el pensamiento económico vigente, cuyo objeto político es el de legitimar las modalidades que asumía la acumulación del capital.

La batalla de las ideas

Las nociones de “acumulación por desposesión” que permite explicar y comprender de mejor manera la privatización territorial, no es sólo una propuesta hermenéutica sino también un momento al interior de la lucha de clases; las transformaciones del capitalismo solamente pueden explicarse al interior de la dialéctica de la acumulación, de las relaciones centro-periferia y de las disputas que se generan desde la lucha de clases, en donde las crisis se resolvieron, en una primera etapa, a través de las políticas de ajuste y de reforma estructural.

Imagen tomada con fines ilustrativos de: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQxzZFbK6dsZctUIwDEWdtEOW1PsDrjia6w3w&s

La globalización como discurso de poder.

La creación de la Organización Mundial del Comercio convierte al neoliberalismo en un vasto proyecto histórico, que se legitima y justifica desde el discurso de la globalización y el neoliberalismo.

El discurso de la globalización y se consolida a partir de la caída del muro de Berlín (1989) y del derrumbe de los países del sistema socialista.

El poder y la dominación por consenso necesitan desesperadamente a ese Gran Otro en el cual descargar las culpas de la acumulación del capital. Sin ese otro, el capitalismo no tendría mecanismos legitimantes de su supremacía. Esa deriva de acumulación por desposesión está en la disputa por los territorios y ese gran otro, serán quienes habían habitado desde siempre esos territorios: los pueblos y naciones ancestrales.


Referencias Bibliográficas:


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los estudios culturales. El mapa incómodo de un relato inconcluso.

“El potencial que poseen las palabras de ser modificadas por los individuos puede ser muy considerable, pero siempre es limitado. Puesto q...